En La Mira.- El Nuevo Herald.-Para todos los efectos prácticos Hugo Chávez está muerto, puede darse por muerto. Si mañana se repone un poco y vuelve por sus pies aVenezuela será un resucitado, más que un sobreviviente. El que no haya podido acudir a inaugurar su nuevo período presidencial tiene el carácter simbólico de un epílogo, que no puede ser escamoteado por el vocerío que armaron sus partidarios este jueves, la canalla responsable de su tercera reelección (la chusma también vota, uno de los defectos de la democracia que amamos).
for every oneMientras Chávez agoniza en La Habana, su valido el Maduro –que ahora tiene en sus manos “el timón del Estado” como alguna vez tuviera el volante de un autobús– se apresura, con el auspicio de los mandantes de Cuba, a entrar en arreglos con Diosdado Cabello, el capo que controla la Asamblea Nacional, para que todo siga igual cuando Chávez falte. La maquinaria del Socialismo del Siglo XXI se engrasa para continuar. Esa supervivencia –posible si los venezolanos de virtud y sentido común no recurren a métodos violentos– garantizará la prolongación del fracaso de la gestión chavista y el apuntalamiento del decrépito régimen de Cuba. Elstatus quo significa más de lo que ahora vemos. No hay camino por el socialismo –de cualquier siglo– a la libertad y a la auténtica prosperidad.
La oposición venezolana, encabezada aún por Henrique Capriles, se ha pronunciado con mesura y ha dado muestras de gran ecuanimidad, frente a los denuestos y las provocaciones de los facinerosos en el poder, que pueden ser y de hecho son más vulgares y despreciables que Chávez, si es que tal rebajamiento es posible. Esa decencia de la oposición, de suyo admirable, sería más de apreciar si tuviera mayores consecuencias, pero me temo que no las tenga en un pueblo manipulado, chantajeado y atemorizado. El papel de los opositores, a menos que su estrategia se dinamice en otro sentido, será el de legitimar con su participación electoral –y el logro de algunos escaños, gubernaturas y alcaldías– la apariencia de democracia de un régimen cuyo aparato propagandístico, que opera con ventaja y con los irrestrictos recursos del Estado, constituye una grosera violación de las normas de un proceso político legal.
Todo huele a podrido en las esferas del poder en Venezuela, tan podrido como el propio Chávez a quien destripan en Cuba unos médicos con más fama que pericia real. Va contra toda lógica suponer que en un país donde nada funciona con mediana eficacia, ni siquiera la policía política, exista un santuario científico de primer orden intocado por la corrupción, la improvisación, el disimulo y la mentalidad tercermundista que lo permea todo. Yo creo que la llamada “potencia médica” cubana es un gran fraude, de la cual ha sido víctima hasta el propio Fidel Castro, y que ahora ensaya sus “saberes” en el desdichado cuerpo de Chávez que se creyó la historia y quien, por soberbia, decidió no venir a tratarse al “imperio”, donde sí está ciertamente la mejor medicina del mundo. Desde luego, en todas partes se muere la gente, pero cabría especular que Chávez cayó en la trampa que le tendió su propia estulticia y que, al elegir La Habana como destino terapéutico, estaba eligiendo su matadero.
Conste que no lamento que así sea. Hay una tendencia o tradición cristiana a condolerse de los que sufren, aunque hayan sido unos malvados, y a tener palabras de misericordia por los agonizantes y los muertos no importa cuan enemigos hayan sido del orden y la civilización que defendemos. Confieso que soy impermeable a tal piedad. Como no creo en premios ni castigos en el ultramundo, al demagogo que ha arruinado a su país al tiempo de dedicar cuantiosos recursos a apuntalar la tiranía oprobiosa que impera en mi patria le deseo la agonía más atroz y el fin más miserable. En este punto, las buenas personas que me leen se santiguarán –sincera o hipócritamente–, pero ese escrúpulo de conciencia no debe impedirles salir a celebrar –cuando se anuncie oficialmente o incluso desde ahora– el fin de esa vergüenza continental, aunque el chavismo continúe.
© Echerri 2013











